martes, 22 de noviembre de 2016

Maratón Valencia 2016. Objetivo cumplido 3h 55' 14''

Para empezar, tengo que decir que si me hubieran dejado escribir esta crónica de manera previa a la Maratón, hubiera sido muy parecida a como en realidad ocurrió todo. Realmente corrí como un reloj suizo e incluso superando mis expectativas. Voy a tratar de hacer una breve cronología, no solo de la carrera sino de un fantástico fin de semana.

Viernes 18 de noviembre
Me tomo el día libre en la oficina. Pese a todo, fue una mañana realmente estresante para poder llegar a hacer todo lo que me había planteado. Ya que voy a estar todo el fin de semana fuera, lo que pretendo es dejar las tareas domésticas hechas; limpieza de la casa y luego la compra...todo ello a la carrera.
Llegamos a la Ciudad del Turia sobre las 20:30h. Decir que afortunadamente no me he de preocupar de buscar hoteles, puesto que en Valencia tengo casa familiar gracias a mi cuñada.

Recién llegados a Valencia

Cenita casera contundente a base de huevos fritos con chorizo, un poquito de tele y al sobre. Tengo que decir que duermo como un tronco y de un tirón.

Sábado 19 de noviembre
Sin madrugar en exceso, aunque ya van aflorando los nervios. Como veo que la familia va a otro ritmo, les propongo adelantarme yo e ir dando un paseito hasta la feria del corredor en la Ciudad de las Ciencias. Esto fué un acierto, puesto que no había mucha gente, cosa bien distinta de lo que me ocurre pasado el mediodía donde el gentío hace más complicada la visita.
Paseo muy disfrutado por la feria, recogida del dorsal y armándome de valor, le robo esta foto a un grande.

Martín Fiz, un mito de la maratón
Al poco llega mi hermano con los niños (que tampoco estaban muy por la labor de conocer la feria) así que un paseo breve, unas fotos y de regreso a casa.


Hacemos una breve visita de familiar, y nos vamos a la playa a comernos ese ansiado plato de arroz a banda en La Herradura (muy recomendable lugar).


Y nos lo comimos todo

El arroz espectacular, regado con un vino diamante y chupito de hierbas, que me hizo pensar que me estaba pasando de la raya puesto que toda la tarde me noté realmente pesado.
Nos salimos un ratito a la playa, lo que se dice a pisar la arena. Mientras en Madrid llueve y hace frío, nosotros estamos con una temperatura magnífica en mangas de camisa. Esta agradable meteorología no nos abandonó en todo el fin de semana.

Tiempo magnífico mientras en Madrid llovía y hacía frío

Regreso a casa y a descansar. Me decido a quedarme tumbado en el sofá, viendo el derbi (gano el Madrid 0-3) y poco más...bueno sí, preparar todo para la carrera de mañana.


La cuestión de dormir esa noche fué bien distinta a la anterior, puesto que aunque supongo que hubo momentos de sueño, creo que fue prácticamente nada lo que pude dormir, aunque con eso ya contaba yo.

Domingo 20 de noviembre
Me levanto a las 5 de la mañana. Tostada de pan de centeno con aceite, yogur natural con chía y una barrita de cereales de desayuno.
Empiezo cruzado la jornada, puesto que sin querer resultar escatológico, tengo que decir que no pude darlo todo en el baño. Eso ahora con perspectiva puede parecer una tontería, pero cualquiera que ha corrido larga distancia sabe que no hay nada más traicionero que un apretón en mitad de la prueba. Afortunadamente, esto no fue luego ningún problema.
A las 7:20 h tomo camino del cajón de salida con Chuchi. 
De madrugada la temperatura es templada (unos 10º-11º) pero paso bastante frío caminando hacia la Ciudad de las Ciencias. Llegados a la salida, meadita campestre y para la línea de salida, siempre bien acompañado por mi hermano.

En el cajón de salida

La maratón
Pese a que la prueba fué hace menos de 24 horas desde el momento que escribo estas líneas, se me hace complicado concretar detalles de la prueba, básicamente por dos motivos. El primero, mi absoluto desconocimiento de la ciudad y los lugares por los que pasamos. El segundo, que afortunadamente corrí como un reloj con una gran regularidad sin grandes altibajos.
Si que tengo que decir, que tecnológicamente corrí "a pelo", lo que significa que carecía por completo de una referencia del ritmo al que iba corriendo. Me dejé llevar por sensaciones, pero hubo momentos, sobre todo cuando estaba más fresco, que temía estar dejándome llevar por la euforia del efecto dorsal y rodar mas deprisa de lo debido.
Mi primera aproximación a mi ritmo fué sobre el Km 7, cuando en una larga recta en el carril contrario al mío, ví al práctico del 3h 45'. Ello me dió una pista de que al menos me encontraba en algún punto intermedio entre ese tiempo y mi objetivo de las 4 horas.
El recorrido es absolutamente llano, sí que sopla un poquito de viento que arrecia mas en zonas abiertas, pero que en absoluto me llegó a resultar molesto en ningún momento.
Antes de la media maratón noto ya cierto dolor en las piernas lo que me hace albergar pensamientos negativos. Son momentos en los que te asaltan las dudas y aparecen fantasmas que afortunadamente se quedaron solo en eso.
Un aliciente importante fué encontrarme con mi equipo de apoyo familiar, primero en el Km 11 y posteriormente en el 19, donde Álvaro me toma esta preciosa foto que refleja el estado de felicidad con el que corrí esta prueba.

Km 19 y todo en orden

Tengo que decir que a diferencia de lo que pensaba en esos primeros kilómetros, y por raro que pueda parecer, fue en la segunda parte de la maratón donde me sentí más relajado, más a gusto y cuando entré en una especie de flujo bajo el cual empezaron a caer los kilómetros sin que en ningún momento apareciera ni el temido muro ni nada parecido.
Por supuesto todo suma y por ello cabe recordar que además de un circuito favorable, la animación del público es algo espectacular. Aunque es una constante en todo el recorrido, pasamos por zonas donde era ensordecedor el griterío de la gente, mezclado con la música, batucadas y animación variada. Realmente no es ninguna exageración decir que en determinados momentos te llevan en volandas.
Cae el Km 30, 31...34 y aunque no llego a ver a los chicos, no me preocupa en exceso porque me encuentro bien e imagino que no habrán podido llegar a tiempo al lugar que habíamos pactado como tercer avituallamiento, como de hecho así fue.
Me gustaría poder entrar en mas detalles, pero fue una consecución de kilómetros, con un cada vez mas creciente dolor de piernas, pero a un ritmo constante que se puede calificar de cómodo dentro de las circunstancias.
Recuerdo también como espectacular el paso por el centro de Valencia, la plaza del Ayuntamiento, el famoso balcón del caloret, siempre salpicado de un magnífico ambiente con la gente volcada con los corredores.
En esta zona final, las largas avenidas pican un poquito para abajo. lo cual favorece mantener el ritmo cuando ya empieza uno a ver gente rota en las cunetas y el dolor de piernas va increscendo.
Veo la plaza de toros, y me viene a la mente que cuando vi el recorrido sobre el papel sabía que llegado a este punto la meta estaba a la vuelta de la esquina.
Los últimos dos kilómetros, me resulta muy difícil trasladar lo vivido a este texto, puesto que son una auténtica locura de animación. Lo que es una ancha avenida, el público lo deja en un estrecho pasillo, donde el griterío vuelve a ser ensordecedor, la gente te anima por tu nombre de pila y realmente te empujan hasta la meta. 
Ya no veo ni donde estoy, y voy mirando el firme con los dientes apretados, hasta que cambia el tipo de suelo por una especie de adoquinado que recuerdo bien de la mañana anterior ¡estoy en la Ciudad de las Ciencias! 
Aquí ya no hay dolor, solo euforia, gente aplaudiendo desde todos los lados hasta que enfilas la famosa alfombra azul.

Esa inolvidable alfombra azul

En honor a la verdad, tengo que decir que en ese momento no llegué a admirar y saborear ese entorno tan increíble puesto que tienes la mirada centrada en la meta al fondo. En cualquier caso, entré gritando y sonriendo como un niño pequeño ¡objetivo cumplido con creces en 3h 55' 14''!
Además de la gran satisfacción que supone acabar mi tercera maratón, me he quitado la espina que tenía de poder culminarla sin llegar a andar en ningún momento.
Pasados bastantes días de la maratón y releyendo mi crónica, me llama la atención que he pasado completamente por alto algo que, afortunadamente para mí, ya tengo absolutamente normalizado e interiorizado pero que causa sorpresa entre el resto de la gente. Me estoy refiriendo al pequeño detalle de que he corrido una maratón en sandalias. 
Quiero finalizar esta crónica con una dedicatoria especial. La carrera tiene una fecha señalada puesto que precisamente se cumplían ocho años desde que se nos fué mi padre, así que...¡VA POR TÍ, TINÍN!

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